Ese mal asesor

Ante la oportunidad histórica de cambiar nuestra suerte hay sujetos que boicotean nuestras posibilidades de éxito

Por César Briatore

Los que alguna vez participamos de la construcción de un buque vemos los problemas argentinos con otros ojos. Cuando podes captar día tras día lo que es una platea vacía, llegar un camión de chapas, sacar lotes del pantógrafo, nivelar una quilla, presentar la roda, soldar las varengas y forrar el casco todo en tu cabeza cambia. Entendés que nada es imposible.

El Loco con dos demonios – Maestro del Salterio de Ingeborg (Detalle)

Al verlo sabes muy bien que todo ese trabajo no puede ser automatizado por completo, a lo sumo podrá ser asistido por maquinaria para aumentar la productividad. En un principio intervienen pocos gremios pero cuando se tira la primera soldadura ya pasaron decenas de profesionales que hacen realidad la viabilidad del proyecto. Ingenieros, técnicos, licenciados en varias áreas incluso abogados y contadores que conciben el artefacto naval hasta el más mínimo detalle pero también dan forma al modelo de negocio allanando su viabilidad. Luego el proceso es vertiginoso, en escasas semanas podés ver piezas, bloques y una silueta en el playón que va tomando forma. Humo, chispas y golpes, no hay nada elegante en hacer un barco pero a medida que la construcción avanza los diferentes gremios se suman porque se generan nuevos espacios donde trabajar. Es un procedimiento que aumenta permanentemente la aplicación de mano de obra hasta un punto que solo se soporta por las ganas de terminar. Hablamos de miles de horas hombre condensadas en pocos meses que hacen realidad una herramienta que tendrá décadas de servicio productivo. Un nuevo buque es mucho más que una obra apalancada por la inversión, es la transformación de una realidad.

Se conjugan materiales de todo tipo: caños, rollos de cable eléctrico, perfiles, mecanizados, accesorios y sistemas anticorrosión. Llega el motor, los generadores, las bombas de agua, los sistemas hidráulicos, los tableros eléctricos y los carpinteros arman la habitabilidad. Un día se retiran los andamios, los tablones, los puntales para pintar el nombre y las marcas de calado. Una mañana el astillero se viste de fiesta para recibir a la madrina y los invitados. Vidrios rotos y espuma de champagne sobre la proa. Se escucha un estruendo seco, la obra se despega y empieza a moverse lentamente rumbo a la orilla con la respiración contenida de todo el lugar. Rompen los aplausos y empieza otra historia.

La Ley de Mercado manda

La Argentina viene haciendo todo mal y por eso ante el anuncio por un puesto de lavacopas hay una cuadra de cola y en cada semáforo los flacos ofrecen repasar el parabrisas por una moneda. Hacer las cosas mal es que el Ministerio de Seguridad, el Ministerio de Defensa y el Inidep importen embarcaciones en vez de construir acá mientras los astilleros se dedican al mercado de reparaciones. Igual de mal que YPF mande a construir barcazas a Paraguay o que el secretario general de un gremio maritimo traiga pilotando a las risotadas un pesquero comprado en España mientras la mayoría de los marineros se embarcan en buques de más de 60 años. También hacer las cosas mal es abandonar las dragas estatales para importar esos servicios por décadas o desarmar las flotas estatales y dejar que las multinacionales te manejen el comercio exterior. Mal, por supuesto, es dar en comodato a una empresa concesionaria la mejor draga pública (de construcción nacional) hasta el límite de su vida útil y premiarla con sucesivas renovaciones a pesar de los incumplimientos demostrados. Pero lo peor, lo más grave, es intentar enterrar en el olvido ese saber, la certeza de poder lograrlo y convencer a otros que somos limitados, que somos inútiles y que si no vienen de afuera es imposible hacerlo..

No escuchen mi alegato romántico de la industria pesada pero tampoco se dejen llevar por el derrotismo vendepatria con el que asesoran al Presidente Fernández. Busquen más opiniones y encuentren una cuota de verdad en medio de tanta puja de intereses mezquinos de querer hundir a todo un país en la dependencia. Escuchen a los trabajadores de Astillero Río Santiago que hablan año tras año de vaciamiento. ¿Será verdad?

Sin lugar a dudas, el extenso frente marítimo argentino sumado a su red fluvial que integra ríos interiores y limítrofes obliga a tener una industria naval desarrollada en permanente expansión, una perogrullada si no fuese que realmente hay quienes lo niegan. El mercado cautivo y latente en materia de construcción de embarcaciones en la Argentina es enorme y se encuentra abandonado simplemente por mala praxis, por rifar las oportunidades y por menoscabar tanto su impacto inmediato como factor de reactivación industrial como así también la expansión de horizontes estratégicos al lograr flotas que no obedezcan al interés externo. Claro está que no hay que dejar de lado entre los factores atenuantes del desarrollo a esos miserables funcionarios enamorados de las chequeras importadas que suelen caer de rodillas ante el cuento de la inversión y el derrame queriendo ver una paloma dónde a las claras hay un buitre. No es novedad que necesitamos dotar a la Armada de buques de todo tipo para evitar violaciones a la soberanía en nuestras aguas territoriales, a las fuerzas de seguridad de lanchas rápidas para patrulla, barcazas y empujes para nuestros ríos interiores, feeders para interconectar puertos, dragas y balizadores para asegurar la navegabilidad tanto en ríos como accesos a puertos marítimos y por último es urgente una renovación de la flota pesquera que tiene un nivel de obsolescencia alarmante. El mercado es gigante y de su desarrollo dependen nuevas condiciones de productividad, niveles de competitividad como así también la salida a problemas económicos estructurales que condicionan la gobernabilidad de modo sistemático. El mercado argentino está sediento de nuevos buques y no se los estamos proporcionando vaya uno a saber porqué. ¿Mal asesoramiento o injerencia externa?

El país bipolar

La historia marítima argentina está llena de travesías entre los extremos más deplorables y fructíferos que se puedan imaginar. El marco legislativo, el contexto internacional y la voluntad política fueron, son y serán los pilares tanto de los éxitos como de los fracasos. Hoy el marco legislativo es adverso al desarrollo de construcciones privadas teniendo en cuenta que para empezar la Ley de Promoción de la Industria Naval Argentina carece de financiamiento lo que anula taxativamente el espíritu de dicha ley. El contexto de competitividad internacional también deja varias lecturas ya que desde el sector privado se reclama con justicia ante las asimetrías fiscales en materia industrial que tenemos con la vecina Paraguay por ejemplo, pero.. Siempre hay un pero.. ¿Cómo explican los armadores argentinos que cuando se llevan a los mejores de acá para trabajar afuera nos pagan allá por día lo que en nuestros puertos se paga por semana? Son raros pero debe ser por la calidad de mano de obra local y la firme decisión de rebajarla hasta hacerla un costo insignificante.. Raros o no eso es potestad de la libre empresa y cada cual hace con su plata lo que quiere, no así el caso de un funcionario público porque lo que maneja no es suyo y más importante de Que es lo que hace es Como lo hace. El cargo ejecutivo demanda otras exigencias, tiene un radio de acción más acotado, no sé puede hacer lo que se quiere porque por algo se llama Función Pública.

Ley 25.188 Art.2 Inc. c) Velar en todos sus actos por los intereses del Estado, orientados a la satisfacción del bienestar general, privilegiando de esa manera el interés público sobre el particular;

Ley de Ética en el Ejercicio de la Función Pública – Norma actualizada

Todos supusieron al escribir aquella ley que no hacía falta aclarar “Estado Argentino” pero parece que no hubiese quedado de más con tanto cipayo suelto. No hay zonas grises que permitan caminar con un pie sobre lo que está bien y otro sobre lo que está mal cuando te sentas en el sillón del cargo público porque sobreabundan las reglas y normas que delimitan el margen de acción.

Hacer las cosas bien respecto a nuestra industria naval antes que nada es fomentarla para cubrir las necesidades nacionales que son muchas y a su vez protegerla de ataques interesados en desarmarnos de esa capacidad que brinda solvencia estrategica. Cuando el Estado satisface sus necesidades directas comprando afuera, violando varias leyes dicho sea de paso, queda poco espacio para el reproche hacia el sector privado. Luego el uso se hace costumbre y la capacidad de producción se aletarga hasta entrar en un coma. Luego el relato del No se puede se hace carne y termina un funcionario festejando la industria extranjera que reemplaza la capacidad nacional de sacar pibes de los semáforos y además de yapa contribuir al PBI.

Lo saben bien

El mal asesor está ahí pero el mal asesorado sabe la verdad y no me digan que no. Sabe lo que está bien pero sabe también que es un camino más largo, resistido y con escasos frutos inmediatos. Es más fácil sacarse el problema de encima ahora que resolver cada paso que implica encarar una solución de fondo. De todos modos la gente se ha vuelto poco exigente y un corte de cinta, un discurso lindo y un par de notas en prensa garpan bien por más que se trate de un negocio foráneo que atenta contra la industria local. Pasan por algo que cuando menoscaban la capacidad nacional de encarar obras navales atacan una historia extensa de logros y luchas. Son ataques que hieren pero no resisten el archivo. Enumerar acá las obras realmente hoy no tiene sentido, es entrar en una discusión esteril de quién tiene la razón y para colmo en una relación desigual de poder comunicacional. Lo importante es que lo saben.

Una vez, en el 2018, les avise que estaban Matando la industria naval pero no soy el único a Dios gracias. Desde hace años se viene advirtiendo a cada gobierno de turno sobre la capacidad argentina para construir las embarcaciones que sistemáticamente se importan y lo sucedido con el final de la concesión sobre la Red fluvial colmó cualquier margen de paciencia. En la Audiencia pública del Consejo Federal Hidrovía se dijo, y consta en las actas, que la mecánica de concesión por peajes debe incluir una cláusula industrial para aprovechar la oportunidad de reestructuración del esquema de contratación de servicios como impulsor de nuestras industrias porque “es factible” la construcción de dragas en el país. Lo saben porque fueron avisados a pesar que el relato oficial lo niegue una y otra vez. Tanto lo saben que luego de intentar por todos los medios comprar un buque polar al exterior hoy ese buque se construye en Tandanor y como así también se construyen lanchas de instrucción para la Armada. La capacidad productiva de nuestra industria naval existe pero se encuentra intencionalmente adormecida.

No es necesario rememorar una historia cargada de botaduras sobre gradas argentinas para demostrar que es posible dejar de importar buques porque la cuestión es más compleja. No hay manera de gestionar nuestro territorio sin una eficaz presencia fluvial marítima porque la Argentina es básicamente una tierra privilegiada surcada y rodeada por agua. Estamos perdiendo capacidad de gestión ante el avance de la lógica mercantil del poder concentrado. La globalización trajo una feroz transnacionalización de capitales y con ello figuras jurídicas mentirosas para hacer encajar a las multinacionales sin contemplar las fronteras. Por otra parte la concentración del capital se vale de la integración vertical en todas las cadenas de valor para controlar ganancias y justamente evitar que se impacte con el crecimiento de estos grupos al resto de las economías. Sin embargo, los funcionarios se rinden uno a uno ante el glamour de la inversión privada con la esperanza de un derrame que nunca llega y se olvidan que en los países desarrollados promotores del libre comercio rige el más férreo proteccionismo. Se protegen del sistema que ellos mismos promocionan porque saben de sus consecuencias. En esto no hay amigos, cada cual atiende su juego y venimos haciendo el juego del enemigo escuchando a ese mal asesor.

Cuidado con esas organizaciones que se arrogan atribuciones que realmente no tienen porque para fiscalizar con transparencia la gestión pública no hace falta ninguna comitiva del clan corporativo, basta con democratizar la información, que haya idoneidad en cada funcionario y hacer lo que se prometió en campaña, nada más. Cuidado también con esa inversión extranjera que pisa temporalmente nuestro suelo bajo el plan de ganar dinero rápido y seguro pero ante cualquier amenaza sobre la rentabilidad se las pican hasta con la tierra en los zapatos sin antes rogar por subsidios, Repros, facilidades fiscales y otras yerbas. Cuidado con las presiones y los malos asesores porque a la sociedad no la veo con mucha paciencia. No es muy difícil, debemos entender que la receta liberal que te imponen por la fuerza desde el más intransigente de los conservadurismos es justamente la regla de oro para nuestro subdesarrollo. El camino para un crecimiento inclusivo tiene que ver con hacer lo que necesitan los argentinos y las argentinas en vez de hacer de con nuestro país la tierra de las oportunidades para los buitres. Lo saben.

Un comentario

  1. […] Por César Briatore para faltaunpeso.com.- La Argentina viene haciendo todo mal y por eso ante el anuncio por un puesto de lavacopas hay una cuadra de cola y en cada semáforo los flacos ofrecen repasar el parabrisas por una moneda. Hacer las cosas mal es que el Ministerio de Seguridad, el Ministerio de Defensa y el Inidep importen embarcaciones en vez de construir acá mientras los astilleros se dedican al mercado de reparaciones. Igual de mal que YPF mande a construir barcazas a Paraguay o que el secretario general de un gremio maritimo traiga pilotando a las risotadas un pesquero comprado en España mientras la mayoría de los marineros se embarcan en buques de más de 60 años. También hacer las cosas mal es abandonar las dragas estatales para importar esos servicios por décadas o desarmar las flotas estatales y dejar que las multinacionales te manejen el comercio exterior. Mal, por supuesto, es dar en comodato a una empresa concesionaria la mejor draga pública (de construcción nacional) hasta el límite de su vida útil y premiarla con sucesivas renovaciones a pesar de los incumplimientos demostrados. Pero lo peor, lo más grave, es intentar enterrar en el olvido ese saber, la certeza de poder lograrlo y convencer a otros que somos limitados, que somos inútiles y que si no vienen de afuera es imposible hacerlo.. […]

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s