Trabajar barato

La incesante decadencia del poder adquisitivo convalidada por el Estado y los sindicatos

Por Cesar Briatore

Los argentinos vamos por un camino turbio propio del que antecede a la extinción. La grieta no se desplaza hacia uno u otro lado sino que se está devorando todo, incluso el sentido común y la propia conveniencia. La virulencia en ciertas reacciones sectoriales no manifiesta otra cosa que el odio que genera el otro y la solución a cada problema necesariamente traerá una nueva reacción violenta tendiente a la destrucción no del otro sino del todo. El conflicto salarial de la policía bonaerense y la forma elegida para elevar el reclamo es la mejor muestra del delicado nivel de agresividad que alcanza nuestra sociedad y la fragilidad de las instituciones. En Argentina toda acción es política o mejor dicho puede inscribirse en un contexto ideológico partidario aun tratándose de un hecho singular y objetivo siendo en cualquier caso caratulado por el lado A de la grieta en desmedro del lado B de la misma. 

Día de trabajo, 1958 – Benito Quinquela Martin

Este caldo profundamente ideológico y la frenética coyuntura que genera la capitalización partidaria de cada cuestión no es ajena a la compleja gestión de la bonaerense.  La desaparición de Facundo Astudillo Castro luego de ser fotografiado en un retén policial, las contradicciones de los efectivos involucrados, el hallazgo del cuerpo con ribetes de mensaje mafioso, las acusaciones de la familia y el bombardeo mediático fueron solo el principio de un cóctel explosivo. En un canal opositor el expresidente Duhalde anunció un Golpe de Estado dándolo por seguro basado en “nuestra historia” y por actitudes del gobierno que “no le sirven a nadie”. Tal vez en referencia al impuesto de las grandes fortunas, la declaración como servicio público de todos los medios de comunicación,  la federalización de la hidrovía o el conflicto por la deuda de Vicentin, no se. A ello siguió los desacuerdos dentro del gobierno sobre los casos de usurpación de terrenos fiscales donde se reeditan chisporroteos viejos entre Berni y Frederic. Provocaciones destituyentes de operadores de peso como Carrió, Wolff y el Dream Team de los canales hegemónicos fogoneando 24 por 7. Y sobre todo eso el presidente de la Nación anunció en TN un plan de seguridad para el AMBA mientras que Florencia Arietto anunciaba, también en un canal opositor, que la policía se sentía sin conducción ni apoyo y que estaba haciendo charlas/reuniones por cuestiones salariales. Todo eso horas antes de que se perfeccione el reclamo. 

Empezó como la vez anterior, en el 2013, con timidez en comisarías puntuales y se esparció rápidamente siguiendo el patrón del signo político hoy opositor. Falta de voceros representativos, Radio Mitre transmitiendo a toda hora desde el centro de la comparsa policial, infiltrados ajenos a la fuerza, locura generalizada, zonas liberadas, choripan al costado de las patrullas y caravanas tanto en la casa del gobernador como en la quinta de Olivos. Todo terminó pero terminó como siempre con otro conflicto, con la puja por la coparticipación, más grieta y con una pulseada en la Corte Suprema de Justicia. Seguir al día a esta vorágine es casi insano e ignorarlo es sumamente peligroso. La fragilidad institucional alcanza niveles insostenibles y habla de un prestigio (recuerden esa palabra) prácticamente ausente a nivel colectivo que se traslada a las partes.

El Origen de todo

Se abrieron extensos debates si corresponde o no la sindicalización policial sin reparar demasiado en una cuestión muy simple: cuando los ajustes salariales no alcanzan a cubrir la inflación el salario pierde poder de compra aun logrando aumentos nominales. Los salarios de la policía bonaerense durante la gestión de Maria Eugenia Vidal se ligaron al aumento docente acumulando una caída en el poder adquisitivo del 30% solo en cuatro años. Eso entonces dice muchas cosas: 1) Los maestros perdieron tanto como los policías; 2) La policía no está sindicalizada pero su salario se ajusta bajo una paritaria (ajena pero paritaria al fin); 3) El Estado genera retraso en el poder adquisitivo del salario de sus trabajadores sindicalizados o no. 

La pregunta del millón no es si corresponde o no que la policía se sindicalice sino si ello soluciona los problemas que hoy los llevan al reclamo. ¿Es necesario que un delegado gremial en una comisaría reclame que les otorguen un chaleco antibalas o que les brinden el combustible necesario para hacer su trabajo? ¿Es necesario hacer una discusión salarial entre los efectivos de seguridad y el poder ejecutivo o simplemente este debe disponer un presupuesto suficiente para cubrir las necesidades de sus fuerzas? Y lo más importante de todo es: ¿Dónde está el prestigio? Y no; no salí por la tangente; paso a explicarlo.

Juan Domingo Peron dejó tanto su visión como su experiencia política plasmada en papel y nunca está demás volver a las fuentes cuando la realidad se vuelve un sketch de los Tres Chiflados. El General sostenía y lo hizo en más de treinta oportunidades en el libro Conducción Política que es necesario lograr una condición superior a la popularidad que es el prestigio. Sabía que ello se lograba a través de los logros y ello era el camino para legitimar las futuras acciones. También sabía que es un camino largo y su falta o pérdida implicaba la salida del juego.

Para conducir, no es suficiente la popularidad. Para conducir es necesario el prestigio. Y, cuando este prestigio se pierde, es necesario retirarse. 

Conducción Política – Capitulo VIII – Juan D. Peron

En nuestro país son contadas las organizaciones que gozan de prestigio masivo y solo se me ocurren pocos ejemplos ligados a la ciencia, la medicina y unas escasas actividades más. No puedo decir que reconozco prestigio transversal e indiscutido en ninguna organización política ni de seguridad como tampoco a nivel sindical. Y ello se debe a varias razones, en parte tal vez, a que nadie se retira luego de perder su prestigio o peor aún, hay cuadros representativos que nunca lo lograron por no cultivarlo con sus acciones. 

El caso sindical

El desprestigio sindical viene en general por tres vías. Una primera cuestión se debe a la estigmatización que surge de la puja distributiva. Cuando un sindicato logra un peso más para sus trabajadores (Suficiente o no para cubrir sus necesidades) ese peso surge de la rentabilidad empresarial o de la partida presupuestaria del estado. En el ámbito privado la ecuación es tan simple que sirve de ejemplo. El producto o servicio donde el trabajador interviene en su generación tiene un precio dado por el mercado. El precio no se establece en función del costo laboral sino por un equilibrio entre oferta y demanda en un escenario de valoración subjetiva de necesidades. En términos generales: Precio menos Costos es igual a Rentabilidad por lo tanto toda conquista sindical atenta contra el margen de rentabilidad empresario. Esa puja de intereses construye un discurso peyorativo hacia la clase sindical que se acentúa con la eventual desconexión de las cúpulas con sus bases haciendo de la crítica una verdad instalada.

Otra vía para la consolidación del desprestigio de la clase sindical es la opinión de personas ajenas al movimiento obrero organizado de modo tal que cualquiera vocifera  sobre lo que no entiende y termina haciendo trapecismo entre leyendas urbanas. Por si a alguno le interesa saber empecemos por el principio. Por sobre cualquier comisión directiva hay un órgano superior que es la Asamblea general de afiliados haciendo del sindicato una estructura profundamente democrática aunque en la práctica hasta algunos afiliados lo ignoren. En segundo lugar la estructura sindical no le cuesta un peso ni al Estado ni al autónomo ni recibe otro sostén que las cuotas sindicales que corresponde por convenio haciéndolo un servicio económico para el fisco y la sociedad en general. Dicho esto, se puede pasar a analizar la tercera vía de desprestigio.

Cualquiera de las vías anteriores, la endilgada por la contraparte en la puja distributiva o el rumor a boca de jarro no es de temer. Por un lado es inevitable y por el otro es inofensivo en el sentido que no evita la acción sindical. La tercera vía es la peligrosa, es el desprestigio auto infligido, el que construimos puertas adentro donde nos convertimos en nuestros propios enemigos.

Es sabido que el sindicato procura atender toda la dimensión humana cuando acompaña con asesoramiento legal, brinda herramientas de esparcimiento, pone en marcha acciones mutuales y administra el sistema de salud para cada sector. Pero más allá de todo eso hay un acto crucial y sensible para todo trabajador que es la firma de acuerdos salariales, ahí se juega las posibilidades de progreso por todo un año y se resuelve en qué grado el sindicato es capaz de defender el interés de sus afiliados. Cuando un sindicato logra un buen acuerdo acuña una cuota de prestigio, caso contrario es testigo de la pérdida del poder adquisitivo de sus representados.

Según un estudio realizado por el estudio de abogados Adrogué, Márquez, Zabala y Asociados los gremios que lograron mejores paritarias en el 2020 fueron:

  • FATAGA (Aguas y gaseosas) 50% + $10.000 por periodo de 9 meses.
  • FOTIA (Azucareros) 38%
  • Aceiteros: 30% (más $11.700 de suma fija)
  • Camioneros: 30% en cuatro veces
  • Trabajadores de la carne: 28%
  • Bancarios: 26% más bono
  • Papeleros: 26%
  • Químicos: 24% (más $10.000 y bono)
  • Empleados de Seguros: 24%
  • UTEDYC – Trabajadores de Espectáculos Deportivos: 20%
  • UTEDYC – Trabajadores de Gimnasios: 19%
  • Perfumistas: 12% (más $4.000)
  • Alimentación: 6,5% (más $6.000)
  • Metalúrgicos UOM: $30.000 en cuotas no remunerativas
  • Petroleros: $28.000 en dos cuotas

Como puede verse hay gremios de mucho peso y sin embargo solo el primero queda por encima del Índice de Precios al Consumidor (IPC) que fue del 52.9% interanual en Enero a 42.4% interanual en Julio 2020. De este modo se certifica de forma consensuada entre Estado y sindicatos la pérdida del poder adquisitivo que es lo que les paso a los maestros y a la policía bonaerense. Este año la excusa para perder plata es la pandemia pero todos sabemos que nunca faltan motivos. Lo dramático es que el Estado y los sindicatos terminan aceptando algo que no resiste ninguna lógica. ¿Porque un sueldo se ajustaría por debajo del nivel de inflación? ¿Porque un sindicato lo permitiría? y ¿porque el Ministerio de trabajo homologaría un acuerdo que atenta contra el desarrollo económico de toda la sociedad? 

Aceptar que los ingresos de los que sostienen la productividad y los servicios lleven un camino de decadencia es elegir la desaceleración del consumo, la tensión familiar y desalentar el trabajo. En ello son cómplices la mayoría de los gremios que atentan contra su escaso prestigio junto al Ministerio de Trabajo que oficia de escribanía de la concentración de la riqueza. La solución es muy simple, el piso de la negociación debe ser la inflación interanual acumulada o mejor aún, no negociar salarios. En un país como el nuestro donde abundan las devaluaciones y las causas inflacionarias los salarios deberían actualizarse automáticamente cada seis meses sobre las cifras reconocidas por el Indec.

Si los gremios quieren recuperar su prestigio deben cerrar paritarias de modo que el trabajador no pierda plata o impulsar una ley de actualización automática del salario y dejar las discusiones paritarias para determinar el monto de la participación en las ganancias o cuestiones convencionales. El prestigio se consigue paso a paso logrando hechos. El que no esté a la altura debe hacerse a un lado por el bien de todos, no queda margen para trabajar por menos plata.

La grieta no cesará y la alternancia partidaria es parte de la democracia pero las instituciones deben sobreponerse a su mediocridad y buscar el prestigio dilapidado. En esa actitud se beneficiará a hombres y mujeres que hacen lo suyo de forma anónima aun ganando cada vez menos.

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