El sapo en la urna

Empieza la veda electoral y nos vamos a dar el lujo de hacer en forma inorgánica lo que no podemos ni queremos hacer de modo organizado. 

Por Cesar Briatore

Estoy afiliado al PJ hace años pero en las PASO podría darle un voto al que me resulta más potable de la izquierda o crearle una falsa expectativa a la extrema derecha o jugar en la interna de Cambiemos. A eso me refiero a ser inorgánicos, a tener la posibilidad y libertad de interferir en organizaciones partidarias que nos son ajenas. Es cierto que podría votar bien y responsablemente, de forma comprometida y sincera pero ahí sería el único eslabón que cumple con los límites morales en este proceso plagado de sapos y roscas de mesas chicas a espaldas de las mayorías, lo cual es otro problema.

Las internas abiertas funcionan como un forzado doble ensayo electoral y son el escape perfecto a lo que deben resolver los partidos en internas democráticas a la antigua, contando los porotos. Lo interesante es que previo a la conformación de listas todos amagan con la compulsa y se desafían a competir pero sabemos que el que pierde dentro del partido podrá acompañar pero lo hará de afuera. Esto es así porque el partido que pierde una elección al menos turne el rol de opositor pero lista que pierde una interna no existe.  

Todo este proceso, inútil o no, tiene un componente económico insoslayable. La instancia de las elecciones primarias es de alrededor del 40% del total del presupuesto del procedimiento eleccionario que alcanza a los $7.912.000.000 de fondos públicos. A ello hay que agregar los gastos que realiza cada provincia en los escrutinios desdoblados y por supuesto los fondos privados que compran espacios en medios audiovisuales, pueblinotas, gráfica estática, alquiler de locales, logística para mesas en la vía pública y los infaltables promocionados en las  redes sociales. En teoría y sólo en teoría, los fondos deben manejarse en blanco, o sea, declarando el origen y acusando el destino como en cualquier actividad mercantil bajo ley. La experiencia de investigaciones periodísticas que han caído en saco roto dan cuenta de contabilidades fifty fifty con fondos dibujados al crayón que provienen de “cenas” , aportes `voluntarios` de empresarios, sindicatos, cámaras, fondos de inversión, contratistas del estado y otros entusiastas militantes de la política.

Para los partidos políticos no es problema el costo del dispositivo, ya que solo para hacer frente a los gastos de impresión de boletas cada uno ha recibido una suma cuantiosa. Para imprimir boletas Cambiemos recibió $25.244.075,82 mientras que el Frente de Todos tiene $20.765.360,28.. Lejos en el podio, Consenso Federal recibió $7.856.972,20 en tanto el Frente de Izquierda y de los Trabajadores obtuvo $5.633.591,69. Finalmente, el MAS, el Movimiento de Acción Vecinal, Unite, el Partido Autonomista, el Frente Nos y el Frente Patriota recibieron $4.250.000 cada uno. Un total de $184.847.334,70 para imprimir a todo color nuestra potencial decisión. Nada mal para un país al borde del default donde los desempleados y jubilados hacen colas con Tuppers vacíos por un poco de guiso caliente. 

Esto no es ni defensa del voto electrónico ni crítica a la boleta física. Es la cruda realidad del manejo del sistema en perjuicio de un fisco golpeado y una democracia debilitada. Resulta que con las mediciones a boca de urna y los doble controles que disponen los partidos es normal que cerca de las 23 hs del domingo de elecciones el perdedor reconozca su derrota y el ganador continúe los festejos que inician todos cerca de las 19 con abundante lunch, pantalla gigante y cotillón. Pero como eso no nos alcanza y somos ansiosos preferimos un recuento provisorio, carente de valor legal, de dudosa exactitud pero rápido. Tiene que ser sobre todo rápido porque así nos acostamos temprano, se cierran las ediciones de los diarios y sabemos de qué hablamos el lunes. Todo eso no es barato y hay pocas empresas en el mundo que lo hacen. En esta oportunidad la ganadora fue Smartmatic y el costo de ese recuento tan rápido como inútil cuesta nada más que US$16.899.920, lo mismo que un hospital de alta complejidad. Otro gran lujo que no tiene relación con el actual nivel de necesidades que sufre el país en general. 

Hacer internas abiertas y obligatorias en un escenario donde la casta partidaria prearma las listas a espaldas de sus militantes para contentar las alianzas estratégicas es de una  hipocresía tan descarada que subleva al más tibio. Me animo a decir que el grueso de nuestra clase política por consiguiente todos los partidos y por ende todos los frentes o alianzas son capaces de lo indecible antes que competir limpiamente con un par. El pavor a perder de local, en su propia casa, los lleva a no competir puertas adentro de cada partido haciendo de las PASO una carísima encuesta no vinculante donde nadie tiene chances de perder excepto el que paga el pato. 

La calidad institucional de la república, que es una bandera que les gusta enarbolar a los top ten de la política, viene en detrimento por abuso de sus debilidades pero el espíritu quebrantado de las reglas causa algo más perdurable que una desprolijidad ética o administrativa. Luego que algunos pasan una barrera baja viene un fenómeno donde la barrera deja de existir, ya no está baja y simplemente es un escollo a sortear para la estampida que viene detrás. La falta de apego a las reglas y el desparpajo hacen mella en la importancia que tienen los límites siendo la misma democracia lo que está en juego. Habría que sondear en el electorado cuantos votarían si no fuera obligatorio y cuantos fiscalizarán si no les pagan la jornada. Yendo más allá, debemos analizar cuantos creen en la clase política y en la transparencia del sistema. Y ya que llegamos hasta allí debemos preguntarnos en cuanto nos afecta el periodismo de guerra, la justicia a la carta y la combinación de ambas: las operaciones Lawfare.

Volviendo al inicio, la verdadera campaña empieza después de las primarias y parece que hay temas que no se piensan tocar. Este es uno, el financiamiento de las campañas, la obligatoriedad de hacer primarias cuando las alianzas que concentran el 70% de los votos van con una sola lista cada uno, el uso de presencia mediática en espacios cedidos y además en entrevistas pautadas llevando la propaganda a niveles invasivos. Para ponerlo en números, en tan solo las 5 semanas previas a las primarias se adjudicaron alrededor de 62.000 horas en TV y radio para publicidad como espacio cedido a los partidos. Algo así como 2.583 días corridos o más fácil 7 años completos.  ¿Será absolutamente necesario machacar hasta ese nivel?

Hay mucho para preguntar porque se dice poco en campaña, se habla mucho de los problemas pero no te dicen sus soluciones y hay temas que exceden el límite del tabú. Por extraño que resulte conocemos la posición de cada candidato frente al aborto que en definitiva es una decisión íntimamente personal pero es muy difícil que hablen claro sobre el tema soberanía que es de interés nacional a nivel general. Esto es la cuestión Malvinas, las bases militares extranjeras en nuestro suelo, la explotación de nuestros recursos en manos de multinacionales y la injerencia directa en la región del poder concentrado.

Pero hay más temas para debatir como qué hacer con el candidato ganador que promete lo imposible en campaña , jura sobre los Santos Evangelios bajo compromiso que lo demanden y después hace lo contrario o nada. Y hablando de debates es interesante recordar que las dos rondas de debates presidenciales costarán unos $24.000.000 a pesar que sabemos que si todos los candidatos se juntan en cualquier pizzería, club de barrio o plazoleta habría cientos de celulares que podrían transmitir el acontecimiento en vivo hasta hacerlo viral y sobre todo gratis. Pero no, mejor es resignar el valor de 10 ambulancias para traslados de alta complejidad en otro show mediático para llenar la caja boba en prime time.

Prefiero cuestionar esto ahora, cuando estamos todos en carrera, cuando ningún candidato está auto recluido por haber perdido y tenemos un futuro incierto por delante. Ahora es mejor porque mañana nos va a agarrar discurriendo sobre cómo pagarle al Fondo o que tan mala puede ser una nueva reforma laboral. Sacudan de los hombros ese clima de fiesta que la cosa no está para risitas, que no los confundan las propagandas con clima de epopeya y los afiches desnaturalizados por tanto photoshop. Mejor discutamos ahora y olviden el espectáculo, porque está todo pago pero no puede ser siempre gratis tanto manoseo.

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